
El último libro que me ha tenido enganchada, es la primera novela de Mercedes Castro, una gallega, que ha sido capaz de hacer una novela negra (comparable por momentos con el mejor Chandler). El título: Y punto.
La protagonista es Clara Deza, una poli, de hoy en día, deslenguada, irónica. contradictoria, esposa y compañera, enfrentada a la jerarquía de hombres que la rodean en su profesión, siendo su matromonio, su remanso de paz.
Lo que más me ha gustado de la novela, no solamente el comienzo y la forma tan original de presentarnos a la prota, sino también esa interacción que llega transmitir la escritora, haciéndote pensar que nunca mejor dicho, es mejor no saber nada sobre la novela, para leerla, y menos aún el final (me quedé chafada algún tiempo, he de decirlo).
Su ritmo frenético, acentuado por la alternancia de la tercera persona del narrador y la primera del fluir de los pensamientos de la protagonista, crea unas expectativas excelentes: frescura, descaro, dinamismo.
Qué más se puede pedir! Altamente recomendable. Lo mejor que he leido en tiempo. Espero que la escritora gallega, no tarde otros nueve años, en escribir otro buen libro.
Dejo la primera página, para que abrais boca.
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No se llega media hora tarde.
Tenía que haberse levantado a las 7:00, pero eran las
7:33. Y sabía que llegaría tarde, claro, como siempre, las mujeres
con el secador y pintándose la pestaña ya se sabe, je, je, diría
el estúpido de la puerta al verla llegar.
La media hora tarde de siempre. ¡Si es que has nacido
media hora tarde!
Y la llamarían impresentable.
No se llega media hora tarde. Y punto.
Se preguntó quién haría las leyes que no hace nadie,
esas que no votan los políticos ni son herencia de dioses justicieros
o romanos fosilizados. No se llega media hora tarde. Qué
media hora, ¡cuarenta mi-nu-tos!
A ver, reflexionó mientras se arrastraba bostezando al
baño, ¿por qué se puede llegar veintisiete minutos tarde y estar
dentro de lo legal pero no media hora o cuarenta y dos y pico,
por ejemplo? ¿Quién coño fijó el límite de lo decente en treinta
minutos?, ¿quién? ¿Qué juez? ¿Qué rey?
Otra Ley de Oro: No se dicen tacos.
Bueno, sí, los machos morenos de tríceps musculosos
con un par pueden mirar de arriba abajo a las nenas y calificar,
según su cuestionable criterio, a las pijas monas de «princesitas»
y a las demás pobres mortales de «churris» sin que se inmute
nadie, y bien que dicen tacos al volante o viendo al equipo de
sus amores, es un suponer. Pero tacos, lo que se dice tacos, más
allá del «jolines» y del «caray» las nenas no. Que eres una señorita.
Vaya.
Y hay que joderse.
No se llega media hora tarde.
Tenía que haberse levantado a las 7:00, pero eran las
7:33. Y sabía que llegaría tarde, claro, como siempre, las mujeres
con el secador y pintándose la pestaña ya se sabe, je, je, diría
el estúpido de la puerta al verla llegar.
La media hora tarde de siempre. ¡Si es que has nacido
media hora tarde!
Y la llamarían impresentable.
No se llega media hora tarde. Y punto.
Se preguntó quién haría las leyes que no hace nadie,
esas que no votan los políticos ni son herencia de dioses justicieros
o romanos fosilizados. No se llega media hora tarde. Qué
media hora, ¡cuarenta mi-nu-tos!
A ver, reflexionó mientras se arrastraba bostezando al
baño, ¿por qué se puede llegar veintisiete minutos tarde y estar
dentro de lo legal pero no media hora o cuarenta y dos y pico,
por ejemplo? ¿Quién coño fijó el límite de lo decente en treinta
minutos?, ¿quién? ¿Qué juez? ¿Qué rey?
Otra Ley de Oro: No se dicen tacos.
Bueno, sí, los machos morenos de tríceps musculosos
con un par pueden mirar de arriba abajo a las nenas y calificar,
según su cuestionable criterio, a las pijas monas de «princesitas»
y a las demás pobres mortales de «churris» sin que se inmute
nadie, y bien que dicen tacos al volante o viendo al equipo de
sus amores, es un suponer. Pero tacos, lo que se dice tacos, más
allá del «jolines» y del «caray» las nenas no. Que eres una señorita.
Vaya.
Y hay que joderse.

Esta es una versión más 