Si además la trama se presenta "clara" y se desarrolla con soltura, pero sin pesadez y sin dejar cabos sueltos, acompañado de esos momentos de comedia q tan bien sabe "meter" el guionista (en este caso), haciendo uso de la verborrea argentina y de un gran secundario (magnífico Guillermo Francella), arropado por el siempre correcto Ricardo Darín y la argentina Soledad Villamil (que repite con Campanella), acabando con un buen desenlace (para muchos inesperados), hace que termine la película y nadie se quiera levantar de la sala (comprobado me quedó), para comentarla y seguro que seguir recordándola días después.
Y sí, también hay una historia de amor (pero no de esas empalagosas).
Rodeado de metáforas y de simbolismos, de principios y valores, de melancolía y desdicha, de sentimientos y pasiones.
Pero también hay mucho silencio, una veces contenido y otras obligado, ansias, remordimientos y culpabilidad. No, les prometo q no caerán en la lágrima fácil.
Si a todo lo anterior le añadimos, lo novedoso de alguna técnica utilizada (como la escena del estadio, o la q da inicio a la película).
Si después de todo esto sigues teniendo dudas, no sé que más poder decir.
Yo me quedo con la metáfora y el simbolismo.
Me alegra tu regreso Campanella!!!!!
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